miércoles, 22 de junio de 2011

Discurso ante la 86º Asamblea Mundial de la U.G.A.B.

Discurso del Sr. Eduardo Eurnekian.

Sr. Presidente de la Unión General Armenia de Beneficencia,
Querido amigo, Dr. Berge Setrakian;
Señoras; Señores;
Queridos amigos.

Recibo con orgullo esta distinción, de la centenaria e histórica Unión General Armenia de Beneficencia y con sincera humildad.

Digo que la recibo con orgullo, por la calidad de la Institución que la otorga.

La U.G.A.B. fue creada en momentos difíciles de la historia de Armenia, un país sin Estado, con una comunidad desorientada, confundida, y forzada a emigrar luego de una persecución sistemática y feroz.

Hombres visionarios hicieron posible el armado de una Institución, que permitió a los expatriados armenios transitar los tiempos, en espera de la creación de un Estado libre, soberano y abarcativo.
La Institución fue entonces símbolo de esperanza.

Sus miembros difundieron nuestra cultura, nuestra lengua, nuestros idearios, nuestras luchas, nuestra historia, nuestras costumbres.

Nucleados en iglesias, escuelas, orfanatos, centros deportivos y culturales, se constituyeron en embajadores dispersos por el mundo.

La historia de nuestro tiempo, expresa con claridad el rol que ha tenido la U.G.A.B., en la construcción de la República que hoy abrazamos.

En cuanto a mí, el receptor de este premio y distinción, diré que sólo he hecho mi tarea de todos los días.

Los verdaderos destinatarios no están
hoy aquí presentes: ellos son mis padres.

Ellos inculcaron en nosotros un entrañable amor y respeto por la nueva patria que los cobijó.

Bifurcaron sus raíces, y mientras se arraigaban en la nueva tierra, aprendíamos a conservar y querer la esencia que nos llegaba por sangre.

Nueva patria, nuevo hogar, eso fue para mis padres la Argentina.

La República Argentina les ofreció paz, trabajo, progreso, y educación para sus hijos, generando en ellos profundos sentimientos de agradecimiento.

Nuestros padres nos enseñaron a ser y vivir como ciudadanos.

A respetar y ser respetados.

A ser parte de un todo, pero conservando el orgullo por las diferencias que nos distinguen.

Proyectamos nuestra cultura, a quienes también considerábamos nuestros hermanos.

Por ese mutuo respeto, adquirimos una formación cuyo corolario ha sido – y sigue siendo – honrar la dignidad humana, paso fundamental hacia la mentada globalización de nuestros días.

Sabemos tender puentes que ayudan a superar circunstanciales pasiones y divisiones.


Nos sabemos poseedores de una fuerza inagotable, capaz de atravesar nuestros propios desiertos, y los desiertos de nuestros tiempos.

Levantar la República de Armenia desde el exilio, unir y enriquecerla a través de los aportes de las subculturas (elaboradas en Medio Oriente, Rusia, los Estados Unidos, Europa, Latinoamérica), es tarea de gigantes.

Un mundo que se achica implica una convivencia dinámica, donde confluyen distintas costumbres, hábitos . . . culturas al fin.

Los armenios – que hemos subsistido por casi 10 siglos sin Estado – lo sabemos.

Qué mayor globalización, que la que nos tocó vivir durante esos 10 siglos entre distintos pueblos, distintas etnias, distintas religiones, distintas culturas.

Con la suma de nuestras propias experiencias, y el sacrificio de nuestros antecesores en pos de un futuro mejor, tenemos razón sobrada para continuar dando ejemplo de pacífica y productiva convivencia entre pueblos.

Sabemos que todavía hay mucho por hacer.

Sabemos que la labor recién comienza.

Por ello, esta reunión que nos convoca es tan importante.

Hoy, cabe recordar aquella demanda de Berge, en su discurso ante la Asamblea General de la UGAB realizada en Yerevan, en 2004, cuando decía: “debemos vivir pensando en nuestra responsabilidad colectiva de promover, y preservar nuestra herencia…” , y agregaba . . .
“de allí en adelante les pregunto a cada uno de ustedes, qué pueden hacer hoy para marcar la diferencia en la vida de la Armenia del mañana”.

Tenemos historia y memoria – es nuestro deber cuidar que no se marchiten en las futuras generaciones.

Felicitaciones a la UGAB.

Felicitaciones por su extraordinaria labor.

Mi reconocimiento a la gran visión de futuro de sus fundadores.

Felicitaciones al Sr. Berge Setrakian por su intensa tarea . . . y nuevamente muchas gracias a todos Uds. por esta distinción y este premio.

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